Me gustría poder irnos a vivir a otros tiempos, donde la gente no era como ahora y había otras constumbres. ¿Os imaginais como era vuestra ciudad hace 100 años? ¿Y como se vivía en américa en 1500? ¿O como se fundó Pekin? Ojalá pudiesemos retorceder literalmete. Como eso no es posible, yo voy a retorceder metaforicamente.
martes 13 de octubre de 2009
3
Se quitó el polen de la casaca, que se había llenado de el polvo amarillo tras haber atravesado un campo de tulipanes.
No fue mas su asombro, cuando descubrió a un par de kilómetros de su estimado centro, un cadáver tendido en el suelo.
No lo percibió hasta haber tropezado con él, ya que en sus pensamientos e incógnitas, no vio al hombre de 54 años caído sobre el sendero.
Al momento de percibir tan macabra escena, el buen doctor emitió un grito de horror.
Le tomó el pulso (algo relativamente innecesario si se observaba bien el tiro de su frente) y tras confirmar su tétrica teoría, el doctor examinó que había un reguero de sangre desde el camino hasta un claro en el bosque.
Allí descubrió, tendido bajo un árbol, a un hombre pálido vestido con una indumentaria únicamente de cuero, mojado y dormido.
El doctor corrió al centro que él regentaba y con ayuda de dos celadores, transportaron el hombre pálido al centro y más tarde al muerto.
-Esto es una tragedia intrigante ¡Un muerto y un hombre inconsciente en las afueras de nuestro querido sanatorio.-Decía el doctor, hablando con su ama de llaves.
-No se apure señor, ya verá como esto no afecta a su reputación. ¿Han salido ya los celadores para el pueblo?
-Si, ha avisar la policía de lo sucedido. Ya puestos he pedido que antes avisen a mi sobrino.
-Ah, ¿El joven naturalista?
-Si, ha venido una semana a disfrutar de la fauna y flora de nuestro condado.
-¡Doctor Roycroft, el hombre inconsciente ha desaparecido!
-¿Qué? ¡Rápido, avise a los celadores!
El hombre pálido, que habían dejado en una celda, había desaparecido forzando la puerta.
-¡Lo hemos encontrado! ¡Está en el patio trasero!
El doctor y los celadores salieron al pequeño patio donde el hombre, asustado en un rincón, observaba como se le acercaban.
-Tranquilo señor.-Dijo Roycroft- Vamos a pasar dentro y nos va a contar que le pasa.
-¡Cuidado, que tiene un arma!-Dijo un celador aterrado.
El hombre, aun amnésico, pudo darse cuenta de que lo que sujetaba era un objeto que temían, así que les amenazó con ello, aunque agarrándolo del reves.
-No sabe ni como usarla, debe de estar majara, como los demás.-dijo un celador agarrándolo por el pescuezo.
Este le propinó un mordisco que hizo que el celador cayese al suelo.
El compañero del celador le atizó en la cabeza con una porra, y este, cayó perdiendo el conocimiento.
H.H
2
Caía la noche a medida que encaminaba sus pasos hacia el corazón del espeso bosque. La Luna estaba llena, en lo más alto de la bóveda celeste, como un broche en el manto oscuro de una importante dama, un orbe de plata oculto tras los fríos jirones de niebla que empezaban a formarse. Miles y miles de estrellas, nebulosas gélidas compuestas de infinitas luces brillantes, comenzaban a hacer aparición por encima de su cabeza.
El ramaje le arañaba la cara, los brazos y los muslos, pero el hombre no parecía inmutarse. Seguía caminando, con una de las manos ocultas entre los pliegues de su ropa, aferrando con fuerza la pistola, a pesar de que ni siquiera estaba cargada.
Cuando los últimos rayos crepusculares quedaron ocultos tras el follaje de los árboles, se detuvo. Un enorme claro se habría frente a él, una zona de bosque vacía y desprovista de toda vegetación. Tierra removida, hierba arrancada y grandes zonas de zarzas y madera quemadas. Miró con detenimiento los árboles que lo bordeaban, uno por uno, apoyando suavemente las manos en la corteza lastimada, casi con amor paternal, pasando los dedos por cada uno de los cortes rezumantes de savia, por cada una de las grietas, por cada pequeña hendidura que pudo encontrar.
Y, de repente, se sorprendió con lágrimas en los ojos, empañándole la mirada. Se las arrancó bruscamente de las mejillas con un gesto rápido, apartándose el cabello que le caía por los ojos. Se encogió sobre sí mismo, rodeándose el cuerpo con las manos, buscando algo de calor, y se tendió entre las raíces del viejo árbol, respirando suavemente y muy bajito, por temor a que quien hubiese cometido la masacre estuviese aún cerca. Cerró los ojos con fuerza, tratando de no pensar. ¿Pensar? Ni siquiera conseguía ubicarse. ¿Cómo iba a recordar?
Y, sobre su cabeza, grabado en el tronco del anciano árbol, aunque ya desdibujados por los cortes de múltiples armas de filo, dos dragones se entrelazaban sobre un anillo
sábado 29 de agosto de 2009
1

viernes 24 de julio de 2009
Hassio
Uniforme típico de los burócratas de alto mando en el imperio HostrodohoDe pronto, la vida de Hackley cambió para siempre. Fue un desencadenador sencillo, pero fue algo que cambiaría también el mundo.
Llamaron a la puerta.
Hackley se extrañó, no conocía a nadie y era un vecino odiado en el vecindario ¿Quién podría ser?
Abrió la puerta. Ante el se encontraba un hombre del gobierno, fácilmente reconocible por su aspecto: Levita negra, sombrero de copa alto y largo, bastón de madera con empuñadura de cristal y un pañuelo con las palabras: “Periem tudo mae”, el imperio todo me lo ha dado en el idioma Hostrodoho bordadas.
Su cara era alargada y recordaba a la de una serpiente. Tenía unas largas patillas que se juntaban en la barbilla.
Sacó un pequeño papel y empezó a hablar.
-Es usted Hackley…
-Hackley asecas.
-Si, bueno. ¿Es usted Hackley?-Creo. Mi vida tiene ya tan poca importancia que ya no importa ni mi nombre.
El hombre examinó el suelo y vio el revolver entre unos arbustos.
-Me llamo Hassio Boro, y estoy aquí en nombre de su real majestad el emperador. Sabemos que usted puede servir de ayuda a la patria, si desea colaborar.
-¿La patria?
Ante eso Hackley cerró la puerta, pero Hassio se lo impidió.
-Señor por favor, estamos hablando de un conflicto que podría acabar con la guerra.
Hackley dejo de intentar cerrar.
-Continúe.
-Se trata de un asunto de alta importancia en el palacio Imperial. El ministro de defensa me ha encargado que buscase ha un hombre del cuerpo de policía con algún tipo de honor no muy elevado que este dispuesto a colaborar con el ejército.
Hackley arrebató el papel a Hassio y con furia en los ojos le agarró del pañuelo.
-Mire usted amigo. En primer lugar, no solo soy un detective con algún tipo de honor, soy detective honorífico por desmantelar una serie de asesinatos que casi diezman la población de los alrededores del palacio, y en segundo, no quiero vorlver a oír hablar del ejercito que se lleva mis impuestos y solo se emborracha y viola a las mujeres de los pueblos que saquean, así métase su ejercito por donde le quepa.
Empujó a Hassió a la calle y cerró la puerta de un portazo.
La gente de alrededor contempló la escena con curiosidad.
Hassio, tranquilamente se colocó bien el pañuelo y se volvió a poner el sombrero que se le había caído.
-Señor Hackley-Gritó-Sé que me oye. Si quiere que le diga la verdad, por mi como si se pudre ahí dentro. Pero tenga en cuenta una cosa, le aseguro que si colabora podría usted convertirse en terrateniente de todo un país.
Hackley se quedó inmóvil.
Poder
Algo que el siempre ansiaba. No sabía por que, pero era algo por lo que estaría dispuesto a luchar. ¿Por qué poder? ¿Para ayudar? ¿Para ganar?
Ya lo pensaría, la cuestión era aceptar.
-Si quiere venir, le esperamos en palacio-Dijo Hassió mientras paraba un taxi.
Poder. Controlar la vida de la gente. Decidir el destino de sus vidas. Poder mover como un titiritero a personas a su antojo.Pues claro que aceptaba.
domingo 7 de junio de 2009
Hakley
Visión de la zona adinerada de LendosenEstamos en 1886, y el mundo está en guerra
La guerra la iniciaron ya hace demasiado tiempo dos grandes paises: El imperio Hostrodoho y La unión de Jimiyay.
Esta guerra, surjida ya por motivos olvidados, ha secado el mundo.Cada vez queda menos madera, cada ves queda menos comida, cada vez queda menos vida...
Los paises neutrales han caido o se han unido por miedo o beneficio a uno de los dos bandos. El mundo está partido en dos grandes potencias, separadas por un muro inivisble. Únicamente islas perdidas en el océano estan libres de este tormento, pero ambas potencias ponen su empeño en estas.
Nuestra historia empieza en el imperio Hostrodoho.
Primero, conozcamos su sitación.
Gobernado por El Emperador, esta potencia ha conquistado lo que serían América central y sur, la zona oeste de Europa y el oeste y sur de África, amen de alguna isla noratlántica.
Su capital Lendosen, esta situada cerca de la actual Londres, más hacia el sur.
Esta ciudad, al igual que todas las demas en este imperio, está dividida por clases. La clase baja, los vagabundos y campesinos, ocupa los extrarradios y afueras. La clase media, obreros y soldados desertores ,ocupa los suburbios. La clase alta, un pequeño grupo de altos aristócratas, viven alrededor del palacio real, en el centro.
Y allí, en la zona de la alta cuna, en el 183 de la calle es donde empieza todo.
De mañana, la luz entra por la ventana en la habitación. Hakley mueve la cabeza, empieza otro día para él. Se levantó de la cama y se fué al baño. Observó su rostro en el espejo, una cara fina y con nariz alargada y estrecha. Su pelo marrón le caía por su rostro tapándole un ojo, tal y como le gustaba. Se acercó a la cocina, todo seguía igual de desordenado, nunca limpiaba. Agarró un trozo de pan seco de hace ya días y luego lo tiró de un empujón al cuvo de la basura.
Se puso su habiual ropa: Camisa blanca, chaleco marrón oscuro y chaqueta negra, pantalones a juego y zapatos elegantes. Solo se cambiaba de ropa una vez cada cuatro días. Había un motivo para su dejadez, le daba todo igual. Reflexionó mientras se tiraba sobre el lecho. Otro día en la vida de nadie, porque eso era lo que significaba Hakley, nadie.
No tenía recuerdos desde que tenía catorce años, solo recuerda la imagen de una casa en llamas y un rio negro. En sus pesadillas aun lo vé. Luego todo era claro, lo encontró un regimiento y lo hicieron beber el alcohol que el gobierno enviaba a los generales. Lo emborracharon y lo tiraron a un rio. Pudo asirse a una rama, pero la corriente arrastraba tanto que fué rio abajo, golpeandose contra las rocas. Luego vino el hospicio, donde su situación no mejoró y después la academia de policia. Tras tres años de entrenamiento, donde sus compañeros se esforzaron en martirizarlo, acabó siendo detective honorifico por la real gloria de El Emperador.
Sus compañeros ahora se pudrían bajo tierra por su poca prudencia, la bebida les mató.
Y ahora, con treinta años, cumplidos ayer, Hakley se vistió para no salir de casa, le daba igual todo, su patria, su honor y también su vida.
Tras numerosos pensamientos, decidió suicidarse. No tenía ninguna soga a mano, así que cojió su revolver de doble cañón. Se sentó en la cama.Observó su reloj de bolsillo, las ocho.
Echó un ultimo vistazo al mundo y se puso el arama en la boca. Contó hasta tres.
Una...
Dos...
Tres...
Apretó el percutor, y para su sorpresa, solo se oyó un click mudo. No tenía balas.
Con furia lanzó el revolver por los aires y destrozó la ventana de su habitación.
-¡Nada me sale bien, ni siquiera el puñetero sucidio!
Acto seguido se echó sobre la cama y cerró los ojos.
Henry Hart
lunes 30 de marzo de 2009
